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Lesiones tobillo y pie

Artrosis

Lesiones óseas

Artrosis

 

Las superficies de las articulaciones del tobillo, la tibia, el astrágalo y el peroné van sufriendo un desgaste progresivo que, con el paso del tiempo, da lugar a lo que conocemos como artrosis.

En el caso del tobillo, que es una articulación que debe soportar todo el peso del cuerpo, además del desgaste natural o lesiones crónicas, la causa más frecuente de su aparición es la postraumática, es decir, que aparece después de sufrir algún tipo de fractura.

Su tratamiento no se limita a los antiinflamatorios, analgésicos o la rehabilitación, sino que en algunos casos se hace necesaria la implantación de prótesis para que la articulación recupere su función.

Bursitis

Lesiones de partes blandas

Bursitis

 

La bursitis es la inflamación de unas pequeñas bolsas llenas de líquido (bursas) que se encuentran entre los huesos y otras partes móviles. Coloquialmente, podríamos decir que son como almohadillas, que evitan que las distintas "piezas" que configuran las articulaciones choquen entre sí.

Cuando se realiza un movimiento de forma repetitiva, o se fuerza mucho el tendón, se pueden producir estas lesiones, que se caracterizan por un dolor agudo y la impotencia para realizar determinados movimientos.

Una vez diagnosticado por un especialista, el tratamiento será a base de antiinflamatorios, reposo deportivo y rehabilitación.

Caida del arco

Lesiones óseas

Caída del arco

 

Cuando decimos que alguien tiene los "pies planos", en realidad lo que sufre es una caída del arco.

Hay distintos tipos de arcos caídos, con intensidades y características muy diferentes. Algunos síntomas frecuentes son el dolor en el talón, arco, tobillo y parte externa del pie (estas molestias pueden subir hacia la tibia, e incluso la rodilla, la cadera y la espalda lumbar), desplazamiento de los dedos, desviación del talón y del tobillo, y tensión en el Tendón de Aquiles.

Esta patología suele comenzar en la infancia donde, si se detecta a tiempo, puede corregirse con el uso de plantillas. Si no es así, con la edad se va intensificando, hasta el punto de necesitar de la cirugía en los casos más graves.

Condropatías

Lesiones óseas

Condropatía

 

Se dice que hay una condropatía cuando el cartílago se encuentra deformado. La forma de determinarlo será a través de una resonancia magnética (RM), que nos dará una imagen característica de esta afección.

Se puede producir por un aumento de actividad deportiva o, simplemente, por motivos puramente genéticos del individuo.

Su tratamiento será a base de regeneradores de cartílago, rehabilitación, infiltraciones de ácido hialurónico o de plasma. Si estos tratamientos no dieran el resultado deseado, habrá que recurrir a la cirugia.

Dedos en martillo

Lesiones óseas

Dedos en martillo

 

Bien por alteraciones de la articulación metatarsofalángica o de la musculatura, en algunas ocasiones se deforman los dedos de los pies de tal forma que se encogen y se montan unos sobre otros. Esta afección recibe el nombre de dedos en martillo y/o garra.

En muchas ocasiones no hay dolor, o este se puede controlar fácilmente con calzado y protecciones adecuadas, por lo que no será necesario recurrir a la cirugía.

La solución quirúrgica únicamente se aplicará en aquellos casos en los que el dolor sea intenso y no se pueda eliminar de otro modo, ya que no resulta indicado someterse a una intervención de este tipo si sólo se trata de un problema estético.

Esguinces

Lesiones de partes blandas

Esguince de tobillo

 

Las lesiones traumáticas de los ligamentos son de las más frecuentes. Existen algunos factores predisponentes (ambientales, anatómicos, hormonales o biomecánicos), pero se producen por igual en hombres y en mujeres y son propias del adulto joven. Y aunque en los deportistas son muy frecuentes, también lo son en la población general, luego no pueden ser consideradas como lesiones exclusivas del ámbito deportivo.

Los ligamentos peroneoastragalinos anterior y posterior y peroneocalcaneo (es decir, los que unen el peroné con el astrágalo y el calcáneo) son los más afectados en este tipo de lesión y se ven dañados tanto el ligamento como la cápsula.

De una forma sencilla, según su importancia, podemos clasificar los esguinces en tres grupos:

- Esguince GRADO I: se produce una distensión de los ligamentos. Es lo que conocemos como "una torcedura". El tratamiento consiste en la administración de anti-inflamatorios, ponerse una media elástica y algo de rehabilitación.

- Esguince GRADO II: los ligamentos sufren un desgarro parcial, produciéndose zonas hemorrágicas. El lesionado sufre una inestabilidad entre ligera y moderada. Y el tratamiento es similar al de Grado I pero con un periodo de recuperación más largo.

- Esguince GRADO III: los ligamentos se rompen en su totalidad y es necesario la inmovilización del tobillo durante algunas semanas y luego hacer rehabilitación. En el caso de que quedase inestabilidad, sería necesario recurrir a la cirugía.

Si le sucede, no se confíe pensando que "esto no es más que una torcedura" y acuda a su médico para que diagnostique correctamente la gravedad de su lesión y le indique cual es el tratamiento más adecuado.


Espolón calcáneo

Lesiones óseas

Espolón calcáneo

 

El sobreesfuerzo y el uso de calzado inadecuado puede producir un crecimiento óseo en la fáscia, justo en el lugar dónde se unen los tendones con el hueso, dando lugar a lo que se denomina espolón calcáneo.

Este crecimiento puede aparecer debajo del talón (espolón calcáneo plantar), o en la parte de atrás (deformidad de Haglund), menos frecuente que el anterior.

Si bien es posible que este crecimiento no produzca ninguna molestia, cuando se inflaman los tejidos circundantes da lugar a un intenso dolor, que puede aliviarse provisionalmente con el uso de unas plantillas específicas o con tratamiento rehabilitador.

Para aquellos casos en los que no hayan resultado efectivos estos métodos, será necesario recurrir a las infiltraciones y, en casos extremos, a la cirugía.

Fascitis plantar

Lesiones de partes blandas

Fascitis plantar

 

La fascia es una tira de tejido muy gruesa que pasa por debajo del pie, desde los dedos hasta el talón, creando tensión y haciendo que el arco del pié sea más o menos pronunciado.

La pérdida de elasticidad por la edad, un sobreesfuerzo -por ejemplo en deportistas– o incluso las peculiaridades anatómicas de cada persona, pueden producir una inflamación de la fascia, que es lo que conocemos como fascitis plantar.

El dolor y la inflamación en la zona del talón es el síntoma más característico, y suele ser más intenso al levantarse por las mañanas.

El tratamiento puede ser variable según la intensidad pero, básicamente, se tratará con rehabilitación, uso de plantillas de descarga, antiinflamatorios y en algunos casos será necesaria la cirugía.

Como siempre, deberá ser el traumatólogo quién determine el tratmiento a aplicar.

Fracturas

Lesiones óseas

Fractura

 

La articulación del tobillo une la pierna con el pie y es la que nos permite realizar el movimiento natural al andar, siendo una zona muy expuesta a las lesiones.

A grandes rasgos, podríamos diferenciar dos tipos de fracturas:

- De alta energía producidas, por ejemplo, en accidentes de tráfico o laborales y que originan las fracturas de pilón tibial. En este caso se lesionan gravemente los tejidos que rodean al hueso, y su tratamiento debe ser abordado antes de ocuparse de la parte ósea.

- De baja energía, típicas de deportes de salto o giro (baloncesto, fútbol, patinaje…) que, como consecuencia de la torsión producida, dan lugar a las fracturas maleolares. A diferencia de las anteriores, la lesión se produce en el mecanismo de pinza que evita que se separe la pierna del pie.

El tratamiento dependerá de la gravedad de cada caso. En algunas ocasiones bastará con reducir la fractura e inmovilizar la articulación durante un periodo de varias semanas hasta que esté el hueso soldado para, a continuación, hacer la rehabilitación oportuna.

Sin embargo, hay otras ocasiones en las que será imprescindible la cirugía para reparar los daños producidos. En este caso, la cirugía será rápida para evitar la rigidez articular y propiciar una rápida recuperación.

Juanetes y juanetillos

Lesiones óseas

Juanetes y juanetillos

 

El Hallus Valgus, popularmente conocido como juanete, es una deformidad del pie que consiste en una desviación de la cabeza del primer metatarsiano, que desvía y empuja el dedo gordo hacia los demás dedos.

Resulta muy doloroso y con frecuencia se produce por el uso de calzado inadecuado (por ejemplo, los zapatos de altísimos tacones y terminados en afiladas puntas), aunque también existen otros factores anatómicos y sobre todo, hereditarios.

El uso de plantillas o calzado cómodo puede ayudar con el problema pero, si no es así y existe un dolor intenso, se recomienda un tratamiento quirúrgico.

En todos aquellos casos en que es posible, se utiliza la cirugía percutánea, que ofrece muy buenos resultados y facilita la recuperación.

Cuando el dedo afectado no es el gordo sino el quinto dedo (el dedo pequeño del pie), la deformidad se conoce como juanetillo de sastre.

Luxaciones

Lesiones óseas

Luxaciones

 

Decimos que se ha producido una luxación cuando, los extremos de los huesos que deberían estar encajados en las articulaciones, se salen de su sitio normal. Es lo que también se conoce como "dislocación".

Cuando esto sucede, se produce un dolor repentino y muy agudo, quedando la articulación deformada e inestable.

El diagnóstico lo debe realizar un traumatólogo y su tratamiento será la analgesia, la reducción de la lesión –sólo la debe realizar el especialista, ya que es muy fácil dañar la articulación–, el reposo  y la inmovilización. En algunos casos será necesaria la cirugía.

No quite importancia a este tipo de lesiones ya que, un tratamiento inadecuado puede desembocar en algo más complicado e incluso crónico y por supuesto, sólo permita que le toque un traumatólogo y no se deje "poner el hueso en su sitio" por cualquiera que le diga que lo sabe hacer.

Metatarsalgia

Lesiones óseas

Metatarsalgia

 

Los metatarsianos se encuentran localizados en la parte delantera del pie. Cuando se produce un dolor intenso y continuado sobre la cabeza de dichos huesos, decimos que se padece una metatarsalgia.

Aunque puede ser debido a causas nerviosas, vasculares o incluso tumorales, lo más frecuente es que tenga su origen en algún tipo de alteración estructural del pie.

Para solucionarlo se puede intentar utilizar unas plantillas de descarga adecuadas, pero si la molestia persiste, la solución será la realización de una cirugía que corrija dicha alteración estructural.

Osteocondritis

Lesiones óseas

Osteocondritis

 

La causa más probable son los traumatismos, pero puede haber otros muchos motivos y es una lesión bastante frecuente en las consultas de los traumatólogos. Consiste en el desprendimiento de un trozo de cartílago dentro de la articulación, dando lugar a una dolorosa artritis.

Según el tipo de osteocondritis con la que nos encontremos, su tratamiento será diferente: bien se puede optar por realizar un cultivo de condrocitos o bien puede estar más indicado realizar una mosaicoplastia, que consiste en injertar cartílago y hueso en las zonas lesionadas del astrágalo.

En cualquier caso, el traumatólogo será el que determine que tratamiento es el más adecuado, teniendo en cuenta las características particulares de cada paciente.

Tendinitis y tendinosis

Lesiones de partes blandas

Tendinitis, desgarros. tendinosis

 

Los tendones conectan los músculos a los huesos. Detrás del hueso del tobillo se encuentran los dos tendones peroneos. Sujetándose uno a la parte exterior y otro a la parte interior del pie, lo estabilizan y evitan las torceduras.

La tendinitis es una inflamación de los tendones –uno o los dos–, bien por haberlos forzado o bien por un traumatismo.

En el caso de que se produjera un desgarro agudo, a la larga podría cambiar la forma del pie y del arco, elevándolo y creándo inestabilidad.

Si estos desgarros tienen origen degenerativo se denominan tendinosis. Las tendinosis tardan años en producirse pero, de una manera gráfica, podríamos decir que es como si se hubiera estirado una tira de plastilina, hasta hacerla muy fina, y se rompiera. La consecuencia es que el arco del pie se levanta y, como decíamos antes, se produce una gran inestabilidad.

El tratamiento dependerá de la gravedad de la lesión, y puede ir desde la administración de antiinflamatorios, la sujeción con una media elástica o la inmovilización de la articulación. En algunos casos más graves, la cirugía se perfilará como la única forma de reparar los daños sufridos.

Otro tendón que puede verse afectado por tendinitis y tendinosis es el que une el músculo de la pantorrilla con la parte posterior del talón, y que recibe el nombre de Talón de Aquiles.

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